jueves, 31 de marzo de 2016

Ramiro Ledesma Ramos - Grandezas de Unamuno


Aquí estamos, frente a la realidad española, las falanges jóvenes de LA CONQUISTA DEL ESTADO. Ante nosotros se sitúa la faena intensa de dotar a nuestro pueblo de órganos políticos eficaces. Haciendo ver la gigantesca deslealtad histórica que en trance de resurgimiento se nos quiere introducir en el futuro hispánico. Hombres jóvenes, repetimos, que traen a España el fervor de la época nueva. El afán de potenciación de su país y de valorar sus valores. Difícilmente nos rendiremos en presencia de las vejeces tortuosas, ni acataremos otra normalidad que aquella que se elabore con la sangre misma de España. Venimos ansiosos de hispanidad, que es como ansia de vida y de atmósfera respirable. Y clamamos contra el régimen social injusto, exigiendo nuevas estructuras.

Antes de nosotros, ninguna actuación valiosa que podamos recoger. Todo sombras y llamas interminables, sin flor alguna. En los últimos treinta años, ni una minoría intelectual sensible ha creído necesaria una exaltación de los valores universales que entraña la hispanidad. No hablemos de actuaciones políticas. Polarizadas las fuerzas en torno a conceptos trasnochados, en cuya elaboración España no intervino, han sido pura ineficacia. Pero hoy convergen en el mundo dos rutas fecundísimas: de un lado, el afán imperioso de convertir las nacionalidades en crisoles de grandeza, creadoras de cultura; de otro, la licitud de los problemas económicos que entraña el marxismo. En esa corriente estamos nosotros, en proceso postliberal y actualista.

Si no podemos recoger tradiciones inmediatas, esfuerzos precursores articulados, sí, en cambio, disponemos de tareas solitarias y gigantes. Así, Unamuno, producto racial, voz de cinco siglos en el momento español. El hecho de que Unamuno esté ahí, patente, hablando, escribiendo, es una prueba de la vigencia hispánica. En la iniciación nuestra, en los minutos tremendos que anteceden a todo ponerse en marcha hacia algo que requiere amplio coraje, Unamuno, desde su palpitar trágico, nos ha servido de animador, de lanzador. Este hombre, que imaginó una cruzada para rescatar el sepulcro de Don Quijote, lanzó a los aires hacia 1908 las páginas más vigorosas de que el espíritu universal de estos años últimos –movilizado con bayonetas al grito imperial de predominio– ha dispuesto para expresar sus entusiasmos. Unamuno, en 1908, soñaba tareas geniales para el pueblo hispano. No han acontecido aún. Siguen los leguleyos su batallar en torno a los artículos constitucionales. Pero otros pueblos de Europa recogieron las voces aquéllas, y ahí están, victoriosos y resonantes. Aquella «locura colectiva», que decía Unamuno había que «imbuir en las pobres muchedumbres». Ahí está Rusia, loca y triunfadora, ensayando con genialidad el mundo nuevo. Ahí está Italia, en pie, viviendo horas igualmente triunfales, en pos de las esencias de la Roma imperial, con sentido actual y fidelísimo. Ahí está la Germania hitleriana y comunista, vencida en la guerra y vencedora en la postguerra, con los ojos en las afirmaciones de estos tiempos. ¿Y España? ¿Qué ocurre aquí?

Unamuno, antes que nadie, en 1908, dió el tono de guerra, y hoy nosotros, falanges jóvenes, desprovistos de literatura y de cara a la acción y a la eficacia política, vamos a recogerlo en sus mismas fuentes. Párrafos que son hoy familiares a todo europeo de menos de cuarenta y cinco años, y que nadie recuerda aquí en los momentos en que miles y miles de ciudadanos juegan a la revolución.

Escribía y aconsejaba Unamuno:

¡En marcha, pues! Y echa del sagrado escuadrón a todos los que empiecen a estudiar el paso que habrá de llevarse en la marcha y su compás y su ritmo. Sobre todo, ¡fuera con los que a todas horas andan con eso del ritmo! Te convertirán el escuadrón en una cuadrilla de baile, y la marcha, en danza.

Unamuno daba a ese escuadrón el sentido de interpretar una locura colectiva. Sabiendo bien que los pueblos nunca están locos. Cuando hacen algo que a un espectador parece locura, el loco es él, el espectador. De ahí que los pueblos tengan siempre razón, sin necesidad de sufragio universal alguno que legitime sus actos. Las revoluciones las hacen los pueblos, no las tertulias de casino. Y más diríamos: ni siquiera los Comités heroicos que las dirigen. Si no hay pueblo, no hay revolución posible, y si no hay algo entrañable que afecte a la entraña del pueblo, las revoluciones no triunfan.

Y sigue Unamuno:

Si alguien quiere coger en el camino tal o cual florecilla que a su vera sonríe, cójala, pero de paso, sin detenerse, y siga al escuadrón, cuyo alférez no habrá de quitar ojo de la estrella refulgente y sonora. Y si se pone la florecilla en el peto sobre la coraza, no para verla él, sino para que se la vean, ¡fuera con él! Que se vaya, con su flor en el ojal, a bailar a otra parte.

El escuadrón no ha de detenerse sino de noche, junto al bosque o al abrigo de la montaña. Levantará allí sus tiendas, se lavarán los cruzados sus pies, cenarán lo que sus mujeres les hayan preparado, engendrarán luego un hijo en ellas, les darán un beso y se dormirán para recomenzar la marcha al siguiente día. Y cuando alguno se muera, le dejarán en la vera del camino, amortajado en su armadura, a merced de los cuervos. Quede para los muertos el cuidado de enterrar a sus muertos.

El espíritu ascético, hispano, de eficacia luchadora y activa, que brota de la pluma de Unamuno, es el mismo que hoy en Europa sostiene el entusiasmo de cientos de miles de hombres, armas en mano frente a los viejos tópicos y las viejas inepcias. Es el espíritu que nosotros quisiéramos ver triunfante aquí, para batir toda la tontería suelta que por ahí andan buscando resquicios cobardes que la hagan dueña de los mandos.

Contra esta tontería usurpadora, Unamuno dice:

Hay que contestar con insultos, con pedradas, con gritos de pasión, con botes de lanza. No hay que razonar con ellos. Si tratas de razonar frente a sus razones, estás perdido.

Mira, amigo: si quieres cumplir con tu misión y servir a tu patria, es preciso que te hagas odioso a los muchachos sensibles, que no ven el universo sino a través de los ojos de su novia. O algo peor aún. Que tus palabras sean estridentes y agrias a sus oídos.

Nosotros desafiamos a Europa para que nos diga si entre sus escritores, entre sus hombres de espíritu, a quienes tiene como antecedentes inmediatos de sus gestas actuales, hay nada de tan ajustada emoción y de tan preciosa grandeza como estas frases de Unamuno, escritas, repetimos, en 1908. Cuando nadie hablaba ni podía hablar de soviet, de fascismo, ni de empresa alguna violenta y genial de los viejos pueblos europeos.

Y dice más Unamuno:

Y, ante todo, cúrate de una afección terrible que, por mucho que te la sacudas, vuelve a ti con terquedad de mosca: cúrate de la afección de preocuparte cómo aparezcas a los demás.

Esto último, sobre todo, para el ambiente español enrarecido, es de una oportunidad magnífica. Aquí, cuando brota algo nuevo, aunque proceda del centro mismo vital de las gentes, se le ahoga en ridículo. Se le combate con el ridículo. Pero, ¡ah, viejos peces contumaces! Las falanges jóvenes de LA CONQUISTA DEL ESTADO vienen inmunizadas para el ridículo. Con careta eficaz y resistente.

Artículo publicado en el número 2 de la revista
 "La Conquista del Estado" (Marzo de 1931)

Gottfried Feder - Los judíos

Los judíos


¿Constituyen los judíos una comunidad religiosa o una raza? ¿Se asimilan a los demás pueblos o permanecen extraños como Estado dentro del Estado? ¿Son productores o viven a costa de la comunidad? ¿El antisemitismo es una creación artificial de mentes enfermizas, como sostienen los sionistas y sus defensores o es una constante histórica cuyas causas residen en los propios judíos, 
como afirman sus detractores?

En torno a estos interrogantes se ha desatado en todos los tiempos una polémica encendida e interminable, que se ha acentuado en la época contemporánea. Nada mejor para estudiar la posición del Nacionalsocialismo sobre el judaísmo, que esta obra del célebre Director de la Biblioteca Oficial del NSDAP, Gottfried Feder, texto oficial del gobierno de la época. Es obvio que quien pretenda estudiar objetiva y desapasionadamente esta cuestión fundamental no puede ignorarlo.

En él se aclaran muchas de las concepciones que comúnmente se afirman sobre el tema más controvertido de los tocados por el Nacionalsocialismo. Si bien el NS nunca tomó como tema central de su política la lucha contra el judaísmo, y el mismo Feder aclara que la política del NSDAP es positiva, nacional y socialista como su nombre lo indica, y no una política negativa de mera oposición a un determinado grupo, ha pasado a la conciencia popular como el tema excluyente de su política. Es por eso que este libro importado de América supone la fuente histórica más importante para conocer la posición Oficial del Nacionalsocialismo.


José Antonio Primo de Rivera - El hombre es el sistema


El hombre es el sistema, y esta es una de las profundas verdades humanas que ha vuelto a poner en valor el fascismo. Todo el siglo XIX se gastó en idear máquinas de buen gobierno. Tanto vale como proponerse dar con la máquina de pensar o de amar. Ninguna cosa auténtica, eterna y difícil, como es el gobernar, se ha podido hacer a máquina; siempre ha tenido que recurrirse a última hora a aquello que, desde el origen del mundo, es el único aparato capaz de dirigir hombres: el hombre. Es decir: el jefe. El héroe.

Los enemigos del fascismo perciben esa verdad por el revés y hacen de ella argumento de ataque. "Sí -reconocen-, Italia ha ganado con el fascismo, pero, ¿y cuando muera Benito Mussolini?" Creen dar con ello un golpe decisivo al sistema, como si hubiera sistema alguno que tuviese garantía para la eternidad. Y, sin embargo, es lo más probable que -cuando muera Mussolini- sobrevenga para Italia un momento de inquietud, pero un solo momento; el sistema producirá -con alumbramiento más o menos laborioso- otro jefe. Y este jefe volverá a encarnar el sistema para muchos años. Mas él (Duce, conductor) seguirá la fe de su pueblo en comunicación de hombre a hombre en esa forma de comunicación elemental, humana y eterna que ha dejado su rastro por todos los caminos de la Historia.

Yo he visto de cerca a Mussolini, una tarde de octubre de 1933, en el Palacio de Venecia, en Roma. Aquella entrevista me hizo entender mejor el fascismo de Italia que la lectura de muchos libros.
Eran las seis y media de la tarde. No había en el Palacio de Venecia el menor asomo de ajetreo. A la puerta, dos milicianos y un portero pacífico. Se dijera que el penetrar en el Palacio donde trabaja Mussolini es más fácil que tener acceso a cualquier gobierno civil. Apenas enseñé al portero el oficio donde se me citaba, se me hizo llegar -por anchas escaleras silenciosas- a la antesala de Mussolini. Tres o cuatro minutos después se abrió la puerta. Mussolini trabaja en un salón inmenso, de mármol, sin muebles apenas. Allá, en una esquina, al otro extremo de la puerta de entrada, estaba tras de su mesa de trabajo. Se le veía de lejos, solo en la inmensidad del salón. Con saludo romano y una sonrisa abierta me invitó a que me acercara. Avancé no sé cuanto rato. Y sentados los dos, el Duce empezó su coloquio conmigo.

Ya le había visto en audiencia rituaria, años antes, cuando fue recibido por varios alumnos de la Universidad de Madrid. Aparte, como todos los habitantes del mundo, le conocía por los retratos: casi siempre en actitud militar, de saludo o de arenga. Pero el Duce del Palacio de Venecia era otro distinto: con plata en el pelo, con un aire sutil de cansancio, con cierto pulcro descuido en su ropa civil. No era el jefe de las arengas, sino el de la maravillosa serenidad. Hablaba lentamente, articulando todas las sílabas. Tuvo que dar una orden por teléfono y la dio en el tono más tranquilo, sin poner en la voz el menor asomo autoritario. A veces cuando alguna de mis palabras le sorprendía, echaba la cabeza atrás, abría los ojos desmesuradamente y, por un instante, mostraba rodeadas de blanco, sus pupilas oscuras. Era notable su actitud para escuchar.
Hablamos cosa de media hora. Luego me acompañó hasta la puerta, a través del inmenso salón. No es de gran estatura; ya no tiene la erguida apostura de un jefe de milicias. Al llegar los dos a la puerta me dijo con una calma paternal, sin sombra de énfasis: "Le deseo las mejores cosas, para usted y para España."
Luego se volvió hacia su mesa, despacio, a reanudar la tarea en silencio. Eran las siete de la tarde. Roma, acabadas las faenas del día, se derramaba por las calles, bajo la tibia noche. El Corso era todo movimiento y charla, como la calle de Alcalá hacia esas horas. La gente entraba en los cafés y en los cinematógrafos. Se dijera que sólo el Duce permanecía, laborioso, junto a su lámpara, en el rincón de una inmensa sala vacía, velando por su pueblo, por Italia, a la que escuchaba palpitar desde allí como a una hija pequeña.

¿Qué aparato de gobernar, qué sistema de pesos y balanzas, consejos y asambleas, puede reemplazar a esa imagen del Héroe hecho Padre, que vigila, junto a una lucecita perenne, el afán y el descanso de su Pueblo?

Adolf Hitler - Mi Lucha (Mein Kampf)

Mi lucha


Prólogo del autor:

En cumplimiento del fallo dictado por el Tribunal Popular de Munich, el 1° de
abril de 1924 debía comenzar mi reclusión en el presidio de Landsberg am Lech.
Así se me presentaba, por primera vez después de muchos años de ininterrumpida
labor, la posibilidad de iniciar una obra reclamada por muchos y que yo mismo
consideraba útil a la causa nacionalsocialista. En consecuencia, me había decidido a exponer no sólo los fines de nuestro Movimiento, sino a delinear también un cuadro de su desarrollo, del cual será posible aprender más que de cualquier otro estudio puramente doctrinario.

Aquí tuve igualmente la oportunidad de hacer un relato de mi propia evolución,
en la medida necesaria para la mejor comprensión del libro y al mismo tiempo para
destruir las tendenciosas leyendas sobre mi persona propagadas por la prensa judía.
Al escribir esta obra no me dirijo a los extraños, sino a aquéllos que,
perteneciendo de corazón al Movimiento, ansían penetrar más profundamente en la
Ideología Nacionalsocialista.

Bien sé que la viva voz gana más fácilmente las voluntades que la palabra escrita
y que, asimismo, el progreso de todo Movimiento trascendental en el mundo se ha
debido, generalmente, más a grandes oradores que a grandes escritores.
Sin embargo, es indispensable que una doctrina quede expuesta en su parte
esencial para poderla sostener y poderla propagar de manera uniforme y sistemática.
Partiendo de esta consideración, el presente libro constituye la piedra fundamental
que yo aporto a la obra común.

Adolf Hitler (Presidio de Landsberg am 
Lech, 16 de octubre de 1924)


Anna Bramwell - El Partido Verde de Hitler

El Partido Verde de Hitler

Sangre y Suelo, Walther Darré y
la ecología nacionalsocialista


En 1930, la agricultura europea se enfrentaba a una de sus peores depresiones. Los movimientos campesinos, las ligas de granjeros y la agitación en pro de la reforma de la tierra llegaron a ser políticamente activos en muchos países. En algunos de ellos, la retórica tuvo unos reflejos izquierdistas; en otros conllevó un nacionalismo vehemente radical. En general, fue populista y anti-institucionalista, y potencialmente violento.

En una nación europea, un gobierno llegó al poder en parte gracias a los votos de irritados pequeños granjeros. Empezó a promulgar leyes decretando la posesión hereditaria para las granjas de pequeño y mediano tamaño. La industria alimentaria al por mayor fue virtualmente abolida, estableciéndose un sistema de mercado con precios fijos y un control de calidad. Más tarde, se establecieron cuotas. Esta corporación estaba dirigida por una organización no gubernamental cuasi-independiente. Unas dos terceras partes de este terreno cultivable fueron separadas por ley del mercado libre y el control de una granja que se incluía en esas regulaciones quedaba condicionado a la capacidad del agricultor. Se instituyó un programa de Retorno-a-la-Tierra, que instauraba instalaciones viables, e invertía dinero en la infraestructura rural donde tales instalaciones estaban situadas. Se promovió una campaña en pro de la productividad por hectárea y a aumentar una agricultura intensiva. El experimento agrario duró unos seis años, hasta que el país entró en guerra. Aunque la legislación continuó vigente, la agricultura debió someterse a los controles del tiempo de guerra y el movimiento de Retorno-a-la-Tierra se fue desvaneciendo.

Las ideas ecologistas fueron puestas en práctica por primera vez en la Alemania Nacionalsocialista (frecuentemente usando palabras y términos idénticos a los de hoy) por Richard Walther Darré, ministro de Agricultura y Líder Campesino desde 1933 hasta 1942. Como científico racial que popularizó la frase “Sangre y Suelo”, quiso abolir por completo la sociedad industrial y reemplazarla por una puramente campesina, basada en un sistema de nobleza campesina.
Su sueño de una república jeffersoniana de pequeños agricultores parecía pertenecer a otra era. Cuando Bohemia y Moravia fueron incorporadas al Reich, Darré escribió en su diario que Alemania estaba repitiendo el error que Gran Bretaña había cometido cuando adquirió un Imperio que la destruyó como nación.

Darré era nacionalsocialista, ¿significa esto que no pueden ser tomadas en cuenta sus ideas ecológicas? ¿Puede su interés en la agricultura orgánica ser útil hoy en día? ¿Cuál es la conexión entre el partido verde de Hitler y la popularidad de la política ecológica en la Alemania actual?
Ninguna persona interesada en la agricultura, la política y la ecología puede permitirse el lujo de ignorar los hallazgos de la Dra. Bramwell.


Ramiro Ledesma Ramos - El nacionalsocialismo alemán


Las elecciones alemanas del 14 de septiembre de 1930 popularizaron por el mundo las fuerzas políticas que acaudilla Adolfo Hitler. Fué el suyo un triunfo tan inesperado para los que desconocían la capacidad de propaganda y agitación del bloque nacionalsocialista, que por algún tiempo constituyó el eje de todos los comentarios sobre política internacional. De doce diputados en 1928, pasó a ciento siete en las elecciones a que nos referimos.

El nacimiento del nacionalsocialismo en su forma definitiva tiene lugar en Febrero de 1920. Lo fundó Hitler con el nombre de Nationalsozialistiche Deutsche Arbeiter-Partei. Es, pues, un partido de postguerra, a base de ideales de revancha, exaltación nacionalista y propaganda antisemita.

El éxito entre las masas ha sido de tal naturaleza, que acontece el hecho inexplicable de que en una época como la actual, donde la posición económica de las gentes polariza los ideales políticos, el nacionalsocialismo tenga adeptos entre la alta burguesía, la pequeña burguesía y el proletariado.

Programa del partido

Copiamos a continuación el programa inicial, al que cabe adscribir buena parte del triunfo. Naturalmente, un partido revolucionario como éste posee en alto grado desarrollada la capacidad oportunista, y no hay que esperar una fidelidad exagerada a sus artículos.

El programa, tal como se publicó en München el 24 de febrero de 1920, dice así:

«El programa del partido nacionalsocialista alemán es temporal. Reside en los jefes la facultad de trazar al partido nuevos fines, una vez que éstos sean alcanzados.

1.º Pedimos la unión de todos los alemanes, a base de una democracia del pueblo que haga posible la gran Alemania.

2.º Exigimos para Alemania los mismos derechos de que disfrutan los demás pueblos, y, por tanto, anulación de los Tratados de Versalles y San Germán.

3.º Exigimos campo y territorios (colonias) para la alimentación de nuestro pueblo y expansión del exceso de población.

4.º Sólo podrá ser ciudadano alemán el alemán nativo, racial. Sólo se considerará alemán racial al que tenga sangre alemana, sin referencia alguna confesional. Ningún judío puede, por tanto, ser de nuestra raza.

5.º Quien no sea ciudadano alemán sólo podrá vivir en Alemania a título de huésped y sometido a la ley que regule la vida de los extranjeros.

6.º El derecho a influir en la orientación y en las leyes del Estado es privativo del ciudadano. Por tanto, exigimos que cualquier empleo público, sea el que sea, del Imperio, ciudad o Municipio, esté desempeñado por ciudadanos alemanes.

7.º Exigimos que el Estado se comprometa a proporcionar trabajo y medios de subsistencia a los ciudadanos. Si no fuera posible la alimentación de toda la población debe expulsarse a los extranjeros.

8.º Debe evitarse la inmigración de no alemanes. Exigimos que los inmigrados no alemanes desde el 2 de Agosto de 1914, sean inmediatamente expulsados del país.

9.º Todos los ciudadanos deben tener los mismos derechos y obligaciones.

10. El primer deber de todo ciudadano consiste en trabajar, intelectual o físicamente. La actividad del individuo debe desenvolverse dentro de los intereses de la colectividad.

Para ello exigimos:

11. Suspensión de los ingresos que no reconozcan por origen el trabajo. No más explotación y servidumbre.

12. Teniendo en cuenta los enormes sacrificios en vidas y dinero que la guerra cuesta al pueblo, todo enriquecimiento personal debido a la guerra debe considerarse como un delito contra el pueblo.

13. Queremos la nacionalización de todos los trust.

14. Exigimos la participación en las grandes explotaciones.

15. Deseamos protección segura para la vejez.

16. Deseamos que se forme una clase media sana; que sean municipalizados inmediatamente todos los grandes consorcios y alquilados a bajos precios a los pequeños comerciantes, teniendo sobre todo en cuenta a los industriales que abastezcan al Estado y a los Municipios.

17. Exigimos una reforma del régimen agrario que se acomode a las necesidades nacionales; creación de una ley de expropiación de terrenos en beneficio de la colectividad. Anulación de la contribución territorial y la especulación de terrenos.

18. Exigimos lucha implacable contra aquellos que, por su actuación, perturben los intereses de la colectividad. Pena de muerte para los usureros y explotadores del pueblo.

19. Pedimos que se sustituya el Derecho romano por un Derecho colectivo alemán.

20. El Estado proporcionará medios a todos los alemanes capacitados de lograr una cultura superior y poder ocupar puestos directivos. Los planes de enseñanza de todos los establecimientos docentes han de acomodarse a las necesidades de la vida práctica. La idea del Estado debe explicarse en la escuela a los niños al tener uso de razón. Los niños pobres capaces y aptos para el estudio deben ser auxiliados por el Estado.

21. El Estado se ocupará de modo preferente en la sanidad pública, protegiendo a las madres y niños, favoreciendo la cultura física del pueblo por medio de leyes que hagan el deporte y la gimnasia obligatorios y ayudando de un modo decidido a las sociedades y corporaciones que fomenten el desarrollo físico de la juventud.

22. Pedimos la desaparición de las tropas asalariadas, y la formación, en su lugar, de un ejército del pueblo.

23. Exigimos sea perseguida de modo implacable por la ley la mentira política intencionada. Y para posibilitar una Prensa alemana pedimos:

a) Que todos los redactores y colaboradores de los periódicos que aparezcan en lengua alemana sean ciudadanos alemanes.

b) Los periódicos no alemanes han de estar por completo de acuerdo con el Estado. Y no podrán imprimirse en alemán.

c) Prohibición de que los no alemanes influyan económicamente o idealmente en los periódicos. La infracción debe castigarse con la suspensión del periódico y la expulsión inmediata del interesado.

Debe prohibirse toda publicación que perjudique el bienestar público. Lucha contra las tendencias artísticas o literarias que produzcan efectos desintegrales en la vida de nuestro pueblo.

24. Queremos libertad para toda clase de creencias religiosas dentro del Estado, siempre que no supongan un peligro o estén en oposición a las costumbres y moral de la raza germana.

El partido en sí es positivamente cristiano, sin puntualizar una creencia determinada. Luchará contra el espíritu materialista judío, convencido de que la salvación de nuestro pueblo llegará a base del siguiente principio: el bien comunal antes que el bien individual.

25. Para la realización de todo esto, queremos la formación de un Poder central del Estado. Autoridad del Parlamento político central sobre el resto del Estado y su organización. Formación de Cámaras corporativas y profesionales para su actuación dentro del margen que permita el Estado.

Los directores del partido prometen poner en juego todos los medios que sean precisos, incluso sus propias vidas, para llegar a la realización de los Puntos anteriormente expuestos.

München, 24 Febrero 1920.»

El ejército del tercer imperio

Los nacionalsocialistas han organizado un ejército numeroso que tiene la doble finalidad de constituir unas falanges revolucionarias y ser, después del triunfo interior, el verdadero ejército del pueblo. El que hará posible un tercer imperio germano. Su organización sigue en todos los detalles al viejo ejército prusiano.

La unidad más pequeña es el grupo, de tres a dieciséis hombres. Varios grupos forman la Trupp (banda, cuadro), que corresponde a la Compañía.

Cuatro o cinco Trupp forman un Sturm, el cuerpo de asalto, que equivale al Batallón. Otros tantos Sturm forman el Estandarte, o sea el Regimiento. A cuyo frente hay un jefe auxiliado por un adjunto. Cada Estandarte tiene, naturalmente, secciones de música y sanidad. Los Estandartes de una comarcación se reúnen en un Gausturm, y éstos pueden dividirse en brigadas.

Existen cinco inspecciones del ejército, cuyo control corresponde al inspector general de los ejércitos.

Las fuerzas van rigurosamente uniformadas y las relaciones entre jefes y subordinados se atienen siempre a la disciplina militar. Además de los cuerpos normales, hay los grupos de Schutzstaffeln, que vienen a ser la élite del partido, de veintitrés a treinta y cinco años, y miden 1'70 metros como mínimo. Son los S.S. Para entrar en ellos ha de haberse estado un año en el otro ejército y tres años, por lo menos, en el Partido.

Por el modo como este gran ejército nacionalsocialista se ha formado, no parece tenga mucha eficiencia en el caso de una guerra, pero sí, en cambio, para una movilización revolucionaria. Aun así, los jefes, como se ha visto, no se determinan al Putsch sin la garantía de que el ejército oficial permanezca en neutralidad.

Actuación del partido

El partido de Hitler es, desde luego, un partido popular que moviliza grandes masas. Para ello, agita las cuestiones sociales con una intrepidez y una precisión notables. Las dificultades económicas de la postguerra, de un lado, y de otro, las ideas sentimentales de grandeza y de revancha unidas al odio racial contra los judíos, han obrado el milagro.

La campaña antijudía había sido emprendida en Alemania antes del nacionalsocialismo por Rosenberg. Este hacía sus campañas en Volkische Beobachter (El observador popular). En 1920 compraron este periódico los nacionalsocialistas, convirtiéndolo en órgano del partido, y además Hitler encontró en Rosenberg un valioso e íntimo colaborador. El arquitecto Rosenberg es el gran optimista del partido, y dispone de una fantasía demagógica eficacísima.

El nacionalsocialismo dispone relativamente de pocos periódicos. En 1930 se publicaban doce diarios, treinta y cuatro revistas semanales y un periódico ilustrado. Estas cifras son irrisorias si se comparan con los 170 diarios de que disponen los socialdemócratas. El de más circulación y autoridad es el antes citado, Volkische Beobachter.

Las fuerzas de Hitler, si tienen pocos periódicos, realizan, en cambio, una propaganda directa, de mitin, no igualada por nadie. Desde Hitler –que es un magnífico y genial orador– hasta el último nacionalsocialista, todos muestran gran preferencia por los mítines populares. Estos actos aparecen incluso como uno de los capítulos más importantes de ingresos del partido. Las entradas valen desde 0'50 hasta 2 marcos. Y en alguna ocasión, hablando Hitler, se han llegado a pagar hasta 10 marcos.

La actuación de los nacionalsocialistas es revolucionaria. Tienden a una estructura del Estado radicalmente distinta de la actual. Mejor dicho, a la edificación del Estado alemán. Bien es cierto que en los últimos meses los jefes afirman una actuación legal, y sobre esto deben tenerse en cuenta unas frases del doctor Goebbels, escritas en Dar Angriff el 18 de Febrero de 1929: «Un revolucionario debe hacerlo todo... Empero, tendrá sumo cuidado en que al desencadenar pasiones volcánicas, despertar cóleras, poner en marcha masas de hombres, organizar odios y desesperaciones, lo efectúe con frío cálculo, un poco, por decirlo así, con medios legales; proponerse esto es lo que distingue al auténtico revolucionario del falso.»

Normas para la estructura del Estado

Las líneas generales del hitlerianismo para la elaboración del Estado siguen la actual tendencia postliberal. Tienden a la eficacia, y reclaman la desaparición de las instituciones fracasadas. La organización interna del partido y el tono de las arengas indican clarísimamente una preferencia por el régimen de dictadura. En las propagandas de Hitler hay un notorio afán por exaltar las decisiones de la personalidad responsable. Frente a las decisiones de las mayorías, la decisión personal de un hombre. Del Dictador.

Forma de gobierno. Son totalmente indiferentes a la forma republicana o monárquica, aunque el hecho de actuar frente al régimen actual y la necesidad de combatirlo les haya hecho parecer antirrepublicanos algún tiempo. En aquellos de su contacto con Huggenberg.

A este efecto, dice Hitler: «La mejor forma del Estado será aquella que de modo más seguro dé significación rectora a la cabeza más sobresaliente de la comunidad.»

Y dice también Goebbels: «El Estado será nuestro Estado, y lo configuraremos según nuestros principios.»

El nacionalsocialismo tiende a la supresión del Parlamento político. En su lugar, la creación de un organismo –Standeparlaments–, con finalidad exclusivamente económica. Una asamblea corporativa o de profesiones.

Además, un Senado compuesto de 200 personalidades –la élite del pueblo– vitalicias para auxiliar al Dictador.

En cuanto al carácter federativo o unitario del Estado, debe tenerse en cuenta el punto 25 del programa. Ahora bien: no ha de olvidarse que el nacionalsocialismo tiende a la integración del imperio germano. A constituir por vía natural la Gran Alemania. Para lo cual se desea y se pide la completa libertad de los pueblos.

Programa social y económico

Es uno de los sectores más confusos del nacionalsocialismo. Ha influido, desde luego, su actitud en el desarrollo de la crisis económica alemana de postguerra. Desde la inflación hasta los compromisos internacionales últimos; por ejemplo, el plan Young. En su programa económico hay una mezcla de influencias marxistas y de oportunismo sentimental. Todo ello indudablemente bien trabado en unidad orgánica, pues los nacionalsocialistas saben muy bien lo que quieren y cómo lo quieren.

Hay, en primer lugar, una preocupación contra el capital financiero internacional, que contrarrestan valiéndose de su nacionalismo económico. Aquí debemos hablar del Zinsknechtschaft, gran concepto del economista Feder, voz especializada del nacionalsocialismo. Feder da a ese concepto el de ser la clave de una situación económica de un pueblo que está libre del influjo nefasto de la alta banca judía.

Para ello, se recluyen en la economía del Estado, confiriéndole la posibilidad que niegan a las economías privadas: Geld machen. Hacer dinero.

En cuanto al problema agrario, van a la expropiación de las tierras, buscando la máxima eficiencia en la explotación.

Los hombres del nacionalsocialismo

En primer lugar, Hitler. Es su artífice innegable. Su energía y sus propagandas han dado al partido eficacia y cohesión. Nació en 1889, y tiene, por tanto, cuarenta y un años. Está, pues, en su plenitud física y tiene la adhesión ciega de sus partidarios. Es de padre austríaco y madre checa. Intervino en la guerra europea en los ejércitos alemanes y posee amplia capacidad de organizador. Es un orador sobresaliente y preciso que triunfa ante el pueblo de un modo rotundo. Si estuviese en el Reichstag, no cabe presumir hasta dónde llegaría la eficacia de sus intervenciones.

Otro hombre del nacionalsocialismo es Goebbels, el Doctor. Jefe del grupo parlamentario en el Reichstag. Goebbels organizó triunfalmente en Berlín el nacionalsocialismo. Es hombre de increíble juventud, treinta años, de oratoria simpática, que lleva a las campañas agitadoras su perfil preciso de doctor joven en humanidades. Contaba diez y siete años al terminar la guerra, y estaba ya movilizado, sin que tuviera luego que ir al frente. En 1926 fundó en Berlín el primer Comité del partido con 400 miembros. Hombre frío y sistemático, pueden suponérsele ambiciones hondas. Ya se habla de posibles –creemos que imposibles– rivalidades con Hitler.

Por fin, se habla y no se termina de los orígenes financieros del nacionalsocialismo. Preferimos no hablar de esto, aunque lo hagamos en otra ocasión, pues los datos y las cifras circulan.

Artículo publicado en el número 2 de la revista 
"La Conquista del Estado" (Marzo de 1931)

Joaquín Bochaca - Léon Degrelle y la Europa real


Solo pude hablar personalmente en tres ocasiones con Léon Degrelle, pero fueron suficientes para captar su extraordinaria personalidad, que se hallaba en las antípodas de lo que se llama un político profesional. Aunque era un gran orador, no hacia uso de los artificios de la oratoria clásica. No los necesitaba. Le bastaba con una lógica tan sencilla como convincente, adecuada para toda clase de públicos.

Tuve la oportunidad de asistir a dos conferencias suyas en un local de la desaparecida CEDADE, a finales de la década de los años setenta del siglo pasado.

Recuerdo especialmente una charla suya, sobre el tema de los regionalismos europeos. En aquella época se estaba gestando la autonomía de Catalunya, que, según los patentados patrioteros de la entonces denominada Alianza Popular iba a "romper España", a "enfrentar hermanos con hermanos", y demás manidos topicazos, con los que sus sucesores del Partido Popular iban a continuar machacando los oídos de sus tan crédulos como deliberadamente ignorantes sucesores.

Léon Degrelle era de nacionalidad belga. Pero Bélgica no era mas que un invento, un parto "ex nihilo", generado por Inglaterra en 1831, al desgajar la parte flamenca al sur de Holanda y añadirle la porción francófona llamada Valonia. La sutil inteligencia de Londres debilitaba así un peligroso rival y creaba un agradecido satélite en el continente al cual le atribuía el puerto de Amberes, el más importante del norte de Europa. El nombre del país se derivaba de las antiguas tribus - los belgas - que habían habitado aquella zona muchos siglos atrás.

Léon Degrelle se consideraba - porque lo era - un valón. La unidad que él comandó en el Frente del Este era una denominada Legión Valona, a pesar de no sustentar ningún tipo de prevención contra los flamencos. Incluso el origen de su movimiento político, REX, se fundamentaba en la unión de las dos principales fuerzas sociales, étnicas y políticas de Flandes y Valonia.
Volviendo al tema de la muy recordada conferencia de Degrelle en Barcelona, solo cabe decir que si, viajando en el tiempo, la escucharan determinados epígonos de la "Unidad de Des(a)tino en lo universal" y desconocieran la identidad del orador, inmediatamente lo calificarían de "rojo-separatista".

Sin embargo, nada mas alejado de la realidad. Léon Degrelle era un nacionalsocialista de la cabeza a los pies. Conocida es la frase de Hitler según la cual, de haber tenido un hijo hubiera deseado que se pareciera a Degrelle. Pero, además, Degrelle era un adicto a las tesis de la "Europa de las Patrias carnales", tal como fuera definida en la Asamblea de Charlottenburg, presidida nada menos que por el Reichsführer SS Heinrich Himmler, a principios de 1944. En efecto, aquella incomparable SS, tanto la "Waffen", como la "Allgemeine", ya contaba, en aquella época con mas de un 40% de no-alemanes, otro tanto de alemanes, y un 15 a 20% de "Auslandsdeutschen" es decir, de descendientes de alemanes nacidos en el extranjero,. Basta con leer los libros de Saint-Loup o de Jean Mabire narrando las gestas de los SS nórdicos, occitanos, bretones, noruegos, valones, flamencos, en el Frente del Este.

Degrelle como Jean Mabire, Saint-Loup, Frannwitz, y tantos mas, sabiéndolo o no, luchaban por una Europa REAL, y, por cierto, tal fue el titulo ("L’Europe Réelle") del primer periódico paneuropeísta publicado en la post-guerra por otro superviviente de las estepas rusas, el valón Jean-Robert Debbaudt.

En Charlottenburg se editó incluso un primer boceto de mapa de la "Europa de las etnias", en el que se hacia tabla rasa de las fronteras estatales artificiales, producto muchas veces de guerras de rapiña, cuando no de bodas dinásticas, con lo que los pueblos y etnias enteras eran objeto de cambalaches entre media docena de familias, Habsburgos, Borbones, Saboyas, Battenbergs, Romanoffs…mientras tanto, el gigante chino se despertaba en Oriente, y en Occidente una joven república redentora de enormes riquezas se perfilaba como una nueva super-potencia mundial.

La visión política de los hombres de Charlottenburg comprendía que Europa solo era viable aplicando la vieja fórmula, del refranero castellano "cada uno en su casa, y Dios en la de todos".
El mapa de Charlottenburg fue reproducido por Saint-Loup en su libro "Les SS de la Toison d’Or". Todas las patrias carnales de Europa dispondrían de un autogobierno interno total, mientras que la política exterior y las finanzas estarían desde la capital federal europea, Viena.

Recuerdo cómo Degrelle se indignaba al enumerar las limitaciones de la entonces "Comunidad Económica Europea", la Europa de los Estados, preconizada por el General De Gaulle. Decía que todos los "socios del club" solo concebían Europa como una vaca lechera. Todos pensaban en qué podían obtener de Europa; nadie en lo que podía aportar. En cambio, se entusiasmaba cuando hablaba de la Europa que hubiera podido ser si la suerte de las armas no hubiera resultado adversa. Afirmaba que un día u otro Europa se haría, desde el Mar del Norte hasta Vladivostock. Seria la primera - y única - potencia mundial. La alternativa, es decir, la que existía cuando nos hablaba, era una Europa sin ilusión y destinada a ser un satélite de Estados Unidos y, por elevación, de los poderes tácticos imperantes en Wall Street.

Los hechos, por desgracia, le están dando la razón. En la actual Europa, cuanto más crece su extensión, más se le acumulan los problemas, algunos de los cuales parecen insolubles: la inmigración incontrolada, las rivalidades inter-estatales, las corruptelas de los profesionales de la política, la ausencia de una política exterior propia y, sobre todo, la falta de un verdadero entusiasmo paneuropeo. En resumen, a LA EUROPA REAL, LA EUROPA DEL AMOR FRATERNO ENTRE NUESTROS PUEBLOS, de Léon Degrelle y los hombres de Charlottenburg, se ha opuesto la contrafigura actual, definida tiempo ha como "un matrimonio de conveniencia no consumado". Pero en política, lo más necio es la desesperación, y precisamente lo obviamente desastroso de la actual situación permite esperar que, por la Ley del Eterno Retorno, aparezca un grupo de hombres que, unidos en torno a la idea de la Europa real, hagan posible un nuevo amanecer.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Miguel Serrano - Nuestro Honor se llama Lealtad


La lealtad a los nuestros, a los ideales, a la fe y a la esperanza, y a nuestros amigos y camaradas que entregaron sus vidas para preservarlos y defenderlos, haciéndolos así eternos. 

Hace muy poco, en un día de tinieblas, en la fiesta de la luz de Ostara, en la Semana Santa, dejaba este mundo mi entrañable amigo y camarada belga, Léon Degrelle. Para aquellos que lo conocimos y para su propia esposa, parece algo increíble, porque él era inmortal, y lo decía: “¡El león no morirá jamás!". Así lo pensaban también sus camaradas de combate de la División Valona en el frente ruso, en la Segunda Guerra Mundial. En cien batallas, en primera fila, al frente de sus hombres, el General de las Waffen SS, Degrelle, era inalcanzable por las balas y los obuses; o bien, sobrevivía reponiéndose de las más graves heridas, para nuevamente ir al combate. Por ello, el Führer le condecoró con la Cruz de Hierro y, luego, con la Cruz del Caballero, la más alta condecoración impuesta por Hitler, quien declaraba: "¡Si yo tuviera un hijo, desearía que fuera como León Degrelle!"

En el exilio, en España, acaba de morir, justo en la semana de la Resurrección del Héroe. Tras la nigredo y la albedo, resucita en la rubedo, en el Domingo de Resurrección; Sontag, el Día del Sol y en un cuerpo de luz roja inmortal. 

Hoy, junto con presentar la primera edición completa en castellano de la obra, también inmortal, del más grande genio de todos los tiempos, Mi Lucha, del avatar Hitler, cuya edición hemos precisamente dedicado a "su hijo" en la gloria del combate eterno, le rendimos un homenaje a ese héroe, a ese camarada, a ese amigo, guía y ejemplo de las juventudes nacionalistas y nacionalsocialistas del mundo que jamás claudicara y mantuviera, con idéntica lealtad a la mía sus ideales hasta su último día aquí en esta envenenada tierra. Y en su recuerdo, hacemos llegar a su esposa, Jeanne, nuestro apoyo y aliento para que pueda sobreponerse a su dolor y tenga la fuerza necesaria para continuar divulgando los libros y la obra que Degrelle deja a su cuidado y de los camaradas que la ayudarán. 

Sobre Mi Lucha se podrían decir mil cosas, citar tantos párrafos luminosos, vigentes cada hora, cada minuto de nuestros pobres días; sobre la inoperancia de la democracia, sobre la corrupción de los políticos, sobre la infamia del totalitarismo comunista y lo diabólico del capitalismo, triunfante hoy en la sociedad de consumo desatada, en la llamada "economía social de mercado" y en la usura legalizada con el interés del dinero. Porque —lo sabemos— fue el Nacionalsocialismo el único sistema, en toda la historia de los hombres en la tierra, que abolió el interés del dinero. Hitler decía: "Si yo te presto un ropero, tú no me devuelves ropero y medio, sino el ropero; pero si un Banco te presta cien marcos, deberás devolverle ciento cincuenta y hasta doscientos, y de estos cincuenta, o cien, vive sin trabajar el usurero". Y junto con abolir el interés, fijó los precios, de manera que hasta el final de la guerra jamás hubo inflación en Alemania, reemplazando el "patrón oro" por el "patrón trabajo". Así, un obrero en el Tercer Reich debió sentirse mejor y más seguro que un rey en otro país. Ese fue un paraíso y, por ello, porque lo era, debieron destruirlo aquellos que se sentían en peligro de muerte al ser abolido el caldo de cultivo del tejido cancerígeno, con la desaparición del interés del dinero y de la usura. Y para que nadie se acuerde de que una vez hubo un paraíso sobre la tierra, toneladas de mentiras y de infamias han intentado cubrir en vano esa cumbre del paraíso, ese monte de Parsifal. ¡Pero no lo lograrán, porque aún estamos nosotros, recordándolo! Y cuando también debamos partir, ¡Más y más batallones vendrán un día a recuperarlo, y a destruir la infamia y la mentira, para al final vencer!

En este libro maravilloso, que ahora os entrego en su traducción completa, se habla de la vida, de la guerra, del hombre y también de la muerte. Y se dice: "Héroe es aquél que sacrifica su vida en defensa de la comunidad, de la Patria, despojado de todo egoísmo personal". ¡Sí, porque héroe es aquél que, sin saber o sin creer que existe alga más allá de su yo y de esta vida, está dispuesto a entregarla para un ideal! Y hasta los dioses le envidian, porque ellos saben que son eternos y que no pueden morir. En cambio, el héroe, sin saberlo, lo entrega todo, hasta su propia eternidad... ¡Sí, camaradas, porque la sangre de los héroes llega más cerca de los dioses que la plegaria de los santos! 

Y Léon Degrelle decía: 

"Debemos todos nosotros estar preparados para lo más terrible. ¿La muerte, en medio de la humillación, no es, acaso, una forma de darse más todavía? El sacrificio no admite cálculos ni reservas. Si yo hubiera mentido, como nuestros enemigos, ¿a dónde habría llegado? Pero, sin embargo, creo, creo más que nunca, que sólo los idealistas podrán cambiar el mundo.... Al final, el Alma es lo único que le queda al Alma..."

¡Sí, el Alma...! 

Oí una vez a un escritor chileno decir: 

"Sé que nada me ha sucedido sino la vida, y que nada me sucederá sino la muerte". 

Pero yo sé que algo más que la vida me ha sucedido y que también algo más que la muerte me sucederá... Y esto también es válido para Léon Degrelle y para nuestro Führer, por supuesto, en cuyo cumpleaños os entrego esta revelación.

Ramón Bau - Sobre la justificación y los límites de la violencia


Siempre he sido un defensor de una estrategia legal de lucha nacionalsocialista, y contrario al uso de la violencia como método de lucha actual en nuestros medios.

Sin embargo, creo que puede ser mal comprendida esta posición sin una explicación a fondo de la ética de la violencia y su uso como método de lucha política.

Entre los medios que llamaríamos "fascistas" existe una mezcla entre el sentimiento de la violencia, el coraje y la capacidad de defenderse dignamente, como "valor" y la propaganda del sistema sobre el sentido violento esencial del "fascismo".

Las bases éticas del sistema

“Nosotros los que somos de otra ciencia, nosotros los que consideramos el movimiento democrático no meramente como una forma de decadencia de la organización política, sino como la forma de decadencia, esto es, de empequeñecimiento, del hombre....” - Friedrich Nietzsche ("Como filosofar a martillazos")

Lo primero que hay que entender es que el Sistema condena la violencia en base a un principio: las cosas se arreglan mediante el voto, o sea, la violencia es ilícita porque la democracia permite solucionar los problemas expresando el deseo la mayoría.

Este argumento, absolutamente falso y manipulado, ha sido tan sistemáticamente imbuido por todos medios de difusión que ha calado muy profundamente en la masa media.

Los argumentos contra esa base ‘democrática’ tienen varios niveles:

Primero: Y fundamentalmente, la democracia no existe, es una plutocracia, es un sistema dictatorial del dinero, por tanto no existe libertad de expresión sino de mercado de información. El dinero bloquea todo camino a la libre exposición de ideas en medios de masas. Para poder expresarse es preciso tener dinero, no el tener la razón.

Segundo: En todo caso la expresión de ideas nacionalsocialistas está totalmente prohibida en muchos países y en otros casi totalmente (como en España), de forma que al prohibir la pacífica expresión de ideas queda ya justificado incluso según su "moral" el uso de la violencia por parte del nacionalsocialismo contra esa dictadura plutocrática.

Tercero: La democracia ha usado y usa la violencia cuando la precisa incluso contra el deseo expresado en votos. Recordemos por ejemplo que apoya y promovió golpes como los de Argelia o Turquía cuando partidos legales islámicos estaban logrando pacíficamente la mayoría de votos. Y eso lo ha hecho en docenas de ocasiones, siempre que ha sido necesario para los intereses plutocráticos.

La democracia apoyó totalmente a Israel pese a que usa la violencia, la expulsión y la limpieza étnica contra el voto palestino.

Se llama a Hitler "dictador" pese a que subió con mayoría de votos aplastante.

Derrocó mediante un golpe organizado por la CIA a Perón pese a que tenía el apoyo popular y de voto... y así podemos seguir ad infinitum.

Recordemos al miserable político "socialista" Lluch que apoyaba y aplaudía a ETA cuando gobernaba Franco, y cuando luego fue asesinado por ETA se deshacían sus amiguetes la boca en condenas. La democracia-plutocracia es hipócrita en su propia esencia.

Las bases utilistas del sistema

La mafia que "protege" a un comerciante de sus propias represalias si no paga esa "protección" también es "pacifista".

Hay otra forma de razonar por parte de los plutócratas para justificar la condena a la violencia, son las razones que llamaríamos "utilistas". Ellos dicen:
“Si la democracia lleva un sistema capitalista, pero es el menos malo de los sistemas, si lo pretendemos cambiar entraremos en un ciclo de luchas y violencias que ya hemos soportado en el pasado y que son horrorosas. Mejor un mal conocido que un estado de violencia enorme aunque pudiera mejorar teóricamente los males actuales del Sistema”.

La violencia sería inútil porque provocaría daños mucho mayores a los males que quiere solucionar. O sea, para arreglar los males de la democracia-capitalismo o de regímenes no democráticos pero "políticamente correctos", como Turquía o Egipto, el grado de violencia que hay que aplicar es tan grande que provocaría mayores males que los que pretende arreglar.

Este argumento tiene una triple lectura:

Primero: Es cierto, o sea tienen razón en que para librarnos del poder económico capitalista vamos a tener que aplicar una violencia fuerte, que es lamentable de tener que ejercer y soportar. Y el motivo es que los capitalistas, los demócratas, usarán todo su dinero y poder para oponerse al cambio y provocarán atentados, guerras y todo tipo de desmanes, compraran tiranos o militares, crearán hambres o crisis, todo para salvar su dinero y poder.

Segundo: Es un claro chantaje, la democracia nos asegura la no violencia si somos obedientes a su dictadura.

Tercero: Minimiza los males y las ventajas del cambio. La gente del pueblo actual no puede ni imaginar como sería la vida sin capitalismo, el cambio de vida, de sentimientos, las formas artísticas y humanas, la ecología, el tercer mundo, las ciudades, el orden o las familias, la educación y el honor, el cambio es tan radical que es difícil de imaginar a los que solo han vivido ese infecto mundo del dinero y la usura. Con los medios modernos y una dirección sana el mundo sería otra cosa.

La eliminación del capitalismo podría ser sencilla y pacífica sin su resistencia violenta, son ellos, la mafia del dinero, los que hacen precisa una revolución violenta.

Las bases pacifistas contra la violencia

En democracia es menos grave robar que defenderse. El pacifismo es el virus que el sionismo nos inculca para evitar nuestra defensa ante sus opresiones.

Existe una creciente propaganda en difundir que toda violencia es mala, sea cual sea el motivo, todo hay que arreglarlo con diálogo. La violencia engendra violencia y no da justicia sino más injusticia. La izquierda progresista es muy partidaria de este mensaje, excepto cuando son ellos son que son atacados, claro. Pero lo importante es su mensaje, que apoyado por una parte importante de las iglesias "cristianas", ha influido mucho en las masas conservadoras moderadas y en las masas de una izquierda utópica.

Hoy en día el asesino, el violador, el ladrón, el vendedor de drogas, el corruptor son "personas a educar", son gente repleta de "derechos humanos", el niño que escupe al profesor no puede ser abofeteado, los chicos de 15 años que pinchan con navaja al educador o a su hermano no son juzgados, la dejadez, la blandura ante la decadencia y la delincuencia es total. El pacifismo es una dejadez moral que sufre toda la sociedad, provocada por la propaganda sionista para destruir las bases de resistencia personal contra el mal. Hay que doblegar el espíritu natural del hombre ario, el sentido común, que le hace responder violentamente ante las agresiones, la mala educación y los atentados al honor, convertir ese sentido común en un sentido de "culpa" constante, no ya de "perdón" sino de incapacidad para juzgar y responder a las agresiones... y las opresiones.

El pacifismo es una enfermedad del espíritu inyectada como virus por la prensa usuraria, una enfermedad que proviene del relativismo y del abandono de la capacidad de juzgar y de indignarse, llevando a una humanidad de borregos.

Nuestras bases éticas sobre la violencia

Si el pacifismo es la enfermedad que nos quiere inculcar el sionismo, la brutalidad es la enfermedad que a veces sufren nuestros medios.

Nuestra ética no es antiviolencia, no creemos que la fuerza sea un elemento desechable para arreglar estados injustos o situaciones de opresión.

Para nosotros hay actitudes y hechos que solo pueden ser contestados por una cierta violencia. Un chico que escupe al profesor debe recibir un castigo físico inmediato, proporcionado y no brutal, pero si inmediato y sin dudas.

Ante un intento de agresión se debe poder contestar con la fuerza necesaria para repelerla, sin que la defensa propia excluya el uso de fuerza superior al del agresor. Es ridícula esta legislación que ha condenado a un joyero por disparar contra su atracador que "solo" llevaba una navaja. Es increíble que se procese a un policía que dispara contra el atracador con pistola que esta huyendo si éste no dispara primero.

Pero esta clara visión de sentido común no debe llevar a confundir la violencia necesaria y justa con la brutalidad. Hay "camaradas" que creen que toda violencia es buena y, lo peor, que la práctica de la violencia es un elemento educador positivo.

La violencia en si no es algo positivo, es algo necesario, pero no positivo. No nos gusta usar la violencia pero no aceptamos que ese "no gustar" sea superior a la necesidad de justicia y de solucionar los problemas que exigen violencia.

No nos gusta la guerra, las frases como: "La guerra es el padre de todos los seres y reina sobre las cosas. A unos los muestra como dioses, a otros como humanos, a unos como esclavos, a los demás, libres" (Heráclito) tienen su raíz en otros tiempos, cuando una casta guerrera luchaba por la supervivencia de los pueblos en estado de continua guerra, pero la guerra es una miseria que debemos evitar en lo posible.

Las víctimas de la guerra son siempre inocentes, personas que sufren injustamente.

Hoy día deberíamos traducir en este tipo de frases "guerra" por "enfrentamiento", en el sentido personal. La necesidad de defensa, de saber enfrentarse al peligro, las situaciones extremas, descubren al cobarde y al héroe, ponen de manifiesto la honradez y la doblez, este es el sentido correcto de este tipo de expresiones.

No a la crueldad, a la brutalidad y la guerra. Nuestra voluntad es de una vida pacífica pero no pacifista.
Una visión estratégica de la no violencia en el nacionalsocialismo actual

Buscamos una lucha legal solo y únicamente porque no podemos luchar por otros medios en este momento. No tenemos respeto alguno por la dictadura plutocrática actual.

Como hemos dicho el sistema plutocrático puede ser éticamente destruido por la violencia, al ser una dictadura violenta e hipócrita.

No hay ningún sentimiento de respeto o de "pacifismo" frente al sistema, no tenemos ninguna cortapisa ética para destruirlo si pudiéramos por medios violentos, puesto que el sistema usa y se impone mediante la violencia y la tiranía.

No nos dejamos engañar por las apariencias legalistas ni por la trampa electoral, sabemos que son solo marionetas y señuelos, máscaras, del usurero, y que detrás está su violencia y brutalidad absoluta cuando sea precisa para defender el poder de su oro.

Pero hoy en día, ahora y aquí, la lucha revolucionaria contra el Sistema pasa por aceptar una lucha no violenta. No es una decisión libre, es la única posible.

La lucha violenta contra el sistema es por ahora imposible y solo comporta una represión mayor contra todos, no solo contra los que han seguido la lucha violenta sino que recrudece las legislaciones contra los que tratan aun de sobrevivir en la lucha legal, ya de por si llena de dificultades legales.

Por tanto la lucha violenta es un error estratégico, es un problema para la lucha antisistema actualmente, pero además no solo es un error sino que es una traba para nuestra lucha y por tanto debemos explicar y tratar de convencer a los que no lo entienden así los problemas que nos causan y evidentemente distanciarnos de ellos en la lucha.

He hablado de lucha violenta, no de lucha ilegal. La legalidad no es más que una farsa en este tema, las prohibiciones contra el Nacionalsocialismo son una opresión, y cualquier medio para saltárselas es ético. No hay ética en las leyes democráticas contra el Nacionalsocialismo, solo hay opresión.

La lucha ilegal no violenta es perfectamente aceptable, aunque es preciso estar preparado para ello, pues sin esa preparación lo único que se consigue es quemar a los camaradas y generar problemas personales. Una lucha ilegal no violenta es una opción válida pero que exige una fuerte preparación y análisis de los medios a usar.

Federico Rivanera Carlés - El cautiverio y la muerte de Rudolf Hess


"Ni los ministros, ni los tribunales aliados, ni los comisarios 
soviéticos, pueden cambiar un destino." (Rudolf Hess, 1947)

El monstruosamente largo cautiverio de Rudolf Hess, que no pudo mellar su voluntad de acero, y el hecho de que fuera asesinado por los aliados judeobolcheviques y judeocapitalistas, demuestra una vez más la genial clarividencia de Adolf Hitler al designarlo su sucesor. En esa ocasión el Führer señaló: "Mi sucesor será el más capaz, es decir, el más valiente". El Führer sustituto demostró que Hitler tampoco en esto se equivocó (a diferencia de otros personajes contemporáneos) y con su martirio le proporcionó otro brillante triunfo póstumo, poniendo de manifiesto de modo incontrastable la superioridad absoluta del Nacionalsocialismo sobre sus vencedores materiales de 1945, puesto que ha sido capaz de forjar hombres de la talla de Hess. ¿Qué dirigente democrático o comunista hubiera resistido como Hess? ¿Os imagináis al borracho de Churchill, al débil paralítico Roosevelt o al rollizo gozador Stalin presos, durante 46 años, en Spandau? Que esto es así lo prueba la insólita premura en demoler un monumento histórico como dicha fortaleza, a fin de evitar que se convierta en "santuario de los nazis".

Todos los hechos gloriosos y esforzados protagonizados por el gran Hess antes de caer prisionero, empalidecen ante su heroico cautiverio, el cual configura una verdadera epopeya, signada por la valentía -hasta el grado del martirio- y el honor, que era para él un valor más alto que su libertad.

Cualquier bastardo morfinómano, cualquier homosexual, cobarde terrorista bolchevique o delincuente judío  tiene numerosos abogados, incluso importantes dignatarios religiosos, pero, en cambio, no hubo derechos humanos para el sucesor de Adolf Hitler. Porque no traicionó, porque no cedió, porque siguió fiel a la Bandera, a la Raza y a Occidente.

Los Héroes no mueren jamás. Permanecen eternamente victoriosos y viven en la memoria de la Raza a través de sus grandes hechos. Pese a la propaganda saturante y al deleznable materialismo, una nueva generación tomará la espada llameante de Rudolf Hess y se lanzará a la lucha contra las fuerzas del mal, es decir, contra los asesinos del sucesor de Adolf Hitler y los vencerá definitivamente. Entonces, cuando pase este tiempo de decadencia y de traición, su gigantesca figura será honrada por un mundo liberado, que habrá comprendido que el camino de la libertad es el Ideario que defendió de manera tan singular Rudolf Hess. Junto al tradicional "¡Heil Hitler!", un nuevo grito estremece a la Ariandad: "¡Hess no morirá!".

Otto Strasser - Los 14 principios de la Revolución Alemana


I

La Revolución Alemana niega ante Dios y el Mundo la atadura que ha provocado la mentira de la culpabilidad de Alemania, que mediante la brutal tiranía de los "tratados de paz" de Versalles y St. Germain, e infatigable y fanáticamente lucha por todos los medios para la destrucción total de esta dictadura y todas las consecuencias que tienen su origen en aquellos.

II

La Revolución AAlemana proclama la libertad de la nación alemana en un Estado alemán fuerte, unificador de todos los pueblos de tronco alemán asentados en el territorio centroeuropeo. Estado que acogerá, de Memel a Estrasburgo, de Eupen a Viena, a todos los alemanes de la Madre Patria y de los territorios irredentos de alrededor, y que constituyen con su fuerza y capacidad la espina dorsal y el corazón de la Europa blanca.

III

La Revolución Alemana renuncia desde este momento, a gobernar y expoliar pueblos y naciones extranjeras; sólo quiere, nada más y nada menos, su propio espacio vital para la joven nación de los alemanes, con el mismo derecho otros pueblos y naciones que reconocen la decisión de la guerra como una voluntad del destino.

IV

La Revolución Alemana proclama que el único propósito del Estado es la unión de todas las fuerzas de la nación, una concentración de fuerzas para asegurar la vida y el futuro de esta nación, afirmando cada medio que para dicho objetivo precise, y destruyendo todo aquello que lo impida.

V

La Revolución Alemana exige desde aquí, que se vertebre el más radical poder estatal central contra aquellas fuerzas que, de manera individual o simplemente por su propio empeño, obstaculicen dicha construcción, ya sean aquellas destructivos entes estatales, de índole partidista o confesionales.
La unidad del Estado de la nación alemana une a las crecientes fuerzas de la tierra y el pueblo, dirigiéndolas hacia una poderosa unidad.

VI

La Revolución Alemana da campo libre a la libertad individual de las fuerzas que el denostado sistema liberal oprime, para que aquella pueda desarrollarse armoniosamente en el sentido adecuado para los objetivos estatales. Se procederá a crear un sistema vivo de representación sindical y corporativa, con responsabilidad personal de los dirigentes en vez del antinatural parlamentarismo en el que nadie tiene responsabilidades y se cede a una masa anónima.

VII

La Revolución Alemana proclama la unidad de destino de la nación alemana. Está convencida de la obligación de convertirse en una comunidad de destino, no de necesidades, que precisa construir una comunidad del pan, y para ello dirigirá todas sus fuerzas en pos de dicho objetivo convencida de este principio fundamental: "Interés general antes que el interés particular".

VIII

La Revolución Alemana rechaza, por tanto, el sistema económico individualista del capitalismo, y su derrocamiento es el primer objetivo que se impone la revolución alemana para su triunfo. Su identidad se reconoce por completo en el sistema corporativo del socialismo, en la que la medida exacta o la finalidad de toda la economía es, no ansiar la riqueza o las ganancias, sino la satisfacción de las necesidades de la nación.

IX

La Revolución Alemana proclama, de esta forma, que la propiedad última de la tierra, el subsuelo y los recursos naturales, recae únicamente en la nación, y que los "titulares" no pueden ser sino considerados como mandatarios de la nación, con obligación de rendir cuentas, mientras que toda la nación tiene la obligación de defenderla.

X

La Revolución Alemana proclama, bajo las mismas coordenadas, la participación colectiva de todos los productores en el beneficio y a la gestión de la economía nacional, sin que ninguna discriminación se pueda ejercer en razón de la función o de la responsabilidad desarrollada por cada uno. Reconoce el interés personal en la medida en que es motor de actividad humana, y lo incorpora para que coadyuve a la creación de bienestar general.

XI

La Revolución Alemana no cree que el bienestar general se encuentre en la persecución de valores materiales ni en una elevación ilimitada del estándar de vida, sino en el retorno y el mantenimiento de un orden sano, el orden nacional, conforme a la voluntad divina y en la que la nación alemana pueda cumplir con el deber asignado por su destino.

XII

La Revolución Alemana encuentra este deber en el pleno desarrollo del espíritu tradicional de su pueblo. En consecuencia, combate por todos los medios, contra los degeneradores de la raza, contra toda influencia cultural foránea, en pos de una renovación racial popular y por la cultura alemana. Lucha, en particular, contra el Judaísmo que, unido a las fuerzas supranacionales de la francmasonería y el ultramontanismo, dificultan premeditadamente la vida del espíritu alemán.

XIII

La Revolución Alemana combate, igualmente contra el absolutismo del Derecho judeo-romano, por un Derecho alemán, cuyos ejes residen en el Ser y el Honor alemanes, afirmando y valorando las desigualdades de los hombres. El Derecho alemán reconoce como ciudadano únicamente al compatriota y como medida el bienestar general.

XIV

La Revolución Alemana derribará la visión del mundo de la Gran Revolución francesa, y será el modelo del siglo XX.
Es nacionalista –contra la esclavitud del pueblo alemán- ; es socialista –contra la tiranía del dinero- ; es popular –contra la destrucción del alma alemana-, y únicamente tiene en su meta en el bienestar de la nación.
Y en pos de esta voluntad colectiva de la nación, la Revolución alemana no se retirará de combate alguno, y ningún sacrificio por muy grande que sea le parecerá excesivo, ante ninguna guerra por sangrienta que sea, pues... ¡Esta Alemania debe vivir!