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martes, 5 de abril de 2016

Léon Degrelle - La campaña de Rusia

La campaña de Rusia

Léon Degrelle, el más bisoño de los caudillos europeos, el jefe natural del movimiento palingenésico Rex, tenía el don de la palabra y la inspiración del poeta. Propugnaba con celo la revolución de las almas. En la hora sublime de la batalla decisiva, en la emplazada, acudió raudo a la cita en el Frente del Este con sus camaradas europeos. Tenía 33 años. Se alistó como soldado raso, como un «guripa» más, sin galones ni estrellas, a pesar de que se le ofreció entrar como oficial.

Léon Degrelle quería experimentar en sus propias carnes el sufrimiento y sacrificio de la defensa de Europa, compartir el rancho y la nieve, avanzar, marchar, soñar. Tenía como divisa el lema «quien no se expone no se impone». Ascendió por méritos de guerra a la jefatura de la comandancia de la División de voluntarios valones, finalizando la contienda con el grado de General de las Waffen SS. Siempre en el primer puesto de riesgo en el combate. Fue herido en cinco ocasiones, pero sus heridas profundas restañaban y volvía al campo de batalla, cada vez con la sonrisa más franca, jovial y abierta. Desafiaba la muerte. En su hoja de servicio se contabilizan 62 combates cuerpo a cuerpo.

Recibió, por su comportamiento heroico, medallas y condecoraciones que hablan mudas del temple de guerrero y luchador ejemplar: la Cruz de Hierro de 1ª y 2ª clase, la Cruz del Mérito de Guerra con espadas, la Insignia de los Heridos, la Insignia de Plata de Asalto de Infantería, la Orden de la Sangre —Cruz de Borgoña—, el Distintivo de Oro de Combate cuerpo a cuerpo, la Cruz Alemana de Oro y la mitológica y legendaria Cruz de Caballero con Hojas de Roble que le fue impuesta personalmente por Adolfo Hitler, quien, de haber tenido un hijo, le hubiera gustado que hubiera sido de la estirpe de Léon… Ambos concebían a Europa como una gran nación. 

Con la hipotética victoria de las tropas alemanas, en un nuevo Orden Europeo, León Degrelle quería que Bélgica tuviera un puesto digno dentro de esa nación europea. Dignidad que Bélgica obtendría con la sangre derramada por sus hijos en suelo ruso, combatiendo hasta el fin contra el Comunismo. Ellos expusieron cien veces su vida antes de encumbrar el nombre de su país en los aires de la leyenda, y, en 1943, la Legión de voluntarios valona era célebre en todo el frente del Este por su idealismo e intrepidez. En 1944, cuando la odisea de Tcherkassy, alcanzó la cima de la fama.

Esa sangre derramada ha elevado a los integrantes de la Legión Valona, y posteriormente a la "28 SS GrenadierDivision Wallonien" a la inmortalidad, con su jefe tanto militar como espiritual, León Degrelle, a la cabeza. La epopeya de los jóvenes belgas nunca será olvidada, y algún día los jóvenes europeos, se inclinarán ante estos héroes que sacrificaron su juventud en las frías estepas rusas.
Aun hoy, con la derrota consumada, la desgracia no los arredra. Nunca fué vana la grandeza; las virtudes templadas en el dolor y en el sacrificio pueden más que el odio y la muerte; tarde o temprano resplandecerán, igual que el sol que surge de las profundidades de la noche. 

A través de la gesta de los voluntarios belgas — una unidad entre centenares de unidades — es el frente todo de Rusia el que surgirá, en los luminosos días de las grandes victorias, en los días más emocionantes aún de las grandes derrotas, impuestas por la materia, pero recusadas por la voluntad. 
Lector, amigo o enemigo, contempla a estos guerreros; porque estamos en una época en que es preciso buscar mucho para dar con verdaderos hombres, y éstos, verás, lo eran hasta la médula.


jueves, 31 de marzo de 2016

Joaquín Bochaca - Léon Degrelle y la Europa real


Solo pude hablar personalmente en tres ocasiones con Léon Degrelle, pero fueron suficientes para captar su extraordinaria personalidad, que se hallaba en las antípodas de lo que se llama un político profesional. Aunque era un gran orador, no hacia uso de los artificios de la oratoria clásica. No los necesitaba. Le bastaba con una lógica tan sencilla como convincente, adecuada para toda clase de públicos.

Tuve la oportunidad de asistir a dos conferencias suyas en un local de la desaparecida CEDADE, a finales de la década de los años setenta del siglo pasado.

Recuerdo especialmente una charla suya, sobre el tema de los regionalismos europeos. En aquella época se estaba gestando la autonomía de Catalunya, que, según los patentados patrioteros de la entonces denominada Alianza Popular iba a "romper España", a "enfrentar hermanos con hermanos", y demás manidos topicazos, con los que sus sucesores del Partido Popular iban a continuar machacando los oídos de sus tan crédulos como deliberadamente ignorantes sucesores.

Léon Degrelle era de nacionalidad belga. Pero Bélgica no era mas que un invento, un parto "ex nihilo", generado por Inglaterra en 1831, al desgajar la parte flamenca al sur de Holanda y añadirle la porción francófona llamada Valonia. La sutil inteligencia de Londres debilitaba así un peligroso rival y creaba un agradecido satélite en el continente al cual le atribuía el puerto de Amberes, el más importante del norte de Europa. El nombre del país se derivaba de las antiguas tribus - los belgas - que habían habitado aquella zona muchos siglos atrás.

Léon Degrelle se consideraba - porque lo era - un valón. La unidad que él comandó en el Frente del Este era una denominada Legión Valona, a pesar de no sustentar ningún tipo de prevención contra los flamencos. Incluso el origen de su movimiento político, REX, se fundamentaba en la unión de las dos principales fuerzas sociales, étnicas y políticas de Flandes y Valonia.
Volviendo al tema de la muy recordada conferencia de Degrelle en Barcelona, solo cabe decir que si, viajando en el tiempo, la escucharan determinados epígonos de la "Unidad de Des(a)tino en lo universal" y desconocieran la identidad del orador, inmediatamente lo calificarían de "rojo-separatista".

Sin embargo, nada mas alejado de la realidad. Léon Degrelle era un nacionalsocialista de la cabeza a los pies. Conocida es la frase de Hitler según la cual, de haber tenido un hijo hubiera deseado que se pareciera a Degrelle. Pero, además, Degrelle era un adicto a las tesis de la "Europa de las Patrias carnales", tal como fuera definida en la Asamblea de Charlottenburg, presidida nada menos que por el Reichsführer SS Heinrich Himmler, a principios de 1944. En efecto, aquella incomparable SS, tanto la "Waffen", como la "Allgemeine", ya contaba, en aquella época con mas de un 40% de no-alemanes, otro tanto de alemanes, y un 15 a 20% de "Auslandsdeutschen" es decir, de descendientes de alemanes nacidos en el extranjero,. Basta con leer los libros de Saint-Loup o de Jean Mabire narrando las gestas de los SS nórdicos, occitanos, bretones, noruegos, valones, flamencos, en el Frente del Este.

Degrelle como Jean Mabire, Saint-Loup, Frannwitz, y tantos mas, sabiéndolo o no, luchaban por una Europa REAL, y, por cierto, tal fue el titulo ("L’Europe Réelle") del primer periódico paneuropeísta publicado en la post-guerra por otro superviviente de las estepas rusas, el valón Jean-Robert Debbaudt.

En Charlottenburg se editó incluso un primer boceto de mapa de la "Europa de las etnias", en el que se hacia tabla rasa de las fronteras estatales artificiales, producto muchas veces de guerras de rapiña, cuando no de bodas dinásticas, con lo que los pueblos y etnias enteras eran objeto de cambalaches entre media docena de familias, Habsburgos, Borbones, Saboyas, Battenbergs, Romanoffs…mientras tanto, el gigante chino se despertaba en Oriente, y en Occidente una joven república redentora de enormes riquezas se perfilaba como una nueva super-potencia mundial.

La visión política de los hombres de Charlottenburg comprendía que Europa solo era viable aplicando la vieja fórmula, del refranero castellano "cada uno en su casa, y Dios en la de todos".
El mapa de Charlottenburg fue reproducido por Saint-Loup en su libro "Les SS de la Toison d’Or". Todas las patrias carnales de Europa dispondrían de un autogobierno interno total, mientras que la política exterior y las finanzas estarían desde la capital federal europea, Viena.

Recuerdo cómo Degrelle se indignaba al enumerar las limitaciones de la entonces "Comunidad Económica Europea", la Europa de los Estados, preconizada por el General De Gaulle. Decía que todos los "socios del club" solo concebían Europa como una vaca lechera. Todos pensaban en qué podían obtener de Europa; nadie en lo que podía aportar. En cambio, se entusiasmaba cuando hablaba de la Europa que hubiera podido ser si la suerte de las armas no hubiera resultado adversa. Afirmaba que un día u otro Europa se haría, desde el Mar del Norte hasta Vladivostock. Seria la primera - y única - potencia mundial. La alternativa, es decir, la que existía cuando nos hablaba, era una Europa sin ilusión y destinada a ser un satélite de Estados Unidos y, por elevación, de los poderes tácticos imperantes en Wall Street.

Los hechos, por desgracia, le están dando la razón. En la actual Europa, cuanto más crece su extensión, más se le acumulan los problemas, algunos de los cuales parecen insolubles: la inmigración incontrolada, las rivalidades inter-estatales, las corruptelas de los profesionales de la política, la ausencia de una política exterior propia y, sobre todo, la falta de un verdadero entusiasmo paneuropeo. En resumen, a LA EUROPA REAL, LA EUROPA DEL AMOR FRATERNO ENTRE NUESTROS PUEBLOS, de Léon Degrelle y los hombres de Charlottenburg, se ha opuesto la contrafigura actual, definida tiempo ha como "un matrimonio de conveniencia no consumado". Pero en política, lo más necio es la desesperación, y precisamente lo obviamente desastroso de la actual situación permite esperar que, por la Ley del Eterno Retorno, aparezca un grupo de hombres que, unidos en torno a la idea de la Europa real, hagan posible un nuevo amanecer.